Arrrgghh! Ya había terminado de escribir éste post y a la hora de publicar: tadá! Que se me borra todo el post. Suele suceder, ni modo, va de nuevo.
Todo comenzó en el año 1999 cuando supe de la existencia de la Bienal de Venecia, aquella vez no sabía que esperar y vaya que me sorprendió una vez que vi las obras de arte expuestas en los diferentes pabellones ubicados por toda la ciudad. La mayoría de ellos son instalaciones más que foto o pintura.
Esta ocasión tuve la posibilidad de regresar y es que a Venecia definitivamente hay que regresar cada vez que se pueda, o por lo menos yo iría cada dos años a ver la Bienal y ahora les explico el porqué: En la Bienal de Venecia se muestra lo mejor del arte moderno, ya que si de vanguardias artísticas se trata la Bienal es el mejor lugar para encontrarlas y es que cada país invitado se esmera por lograr una muestra con una buena curaduría y siempre van a tratar de sorprendernos, y vaya que muchos de ellos sí que lo logran. Además nos hacen recordar cuan poderosa la imaginación humana es.
Para llegar a Venecia esta vez viajamos de Galzignano, una pequeña ciudad cuyo atractivo principal son sus aguas termales y por lo mismo se convierte en el destino perfecto para turistas retirados alemanes quienes van a los spas, tratamientos con barro y masajes. El viaje toma tan solo 30 minutos en tren. Una vez que sale uno de la estación es increíble encontrarse conque ya no hay ruidos de autos o motocicletas, porque ¡estás flotando en el mar Adriático!



Caminando desde la estación del tren hasta Plaza San Marco no debe tomarte más de 40 minutos, sin embargo a nosotros nos tomó ¡3 horas! ya que nos íbamos parando casi en cada tienda que veíamos, luego a tomar un café, un poco más tarde a comer un helado, luego a comer un refrigerio.




Finalmente llegamos a Plaza San Marco, y si bien estaba resignado a perderme la Bienal puesto que la inauguración iba a ser cuatro días después de mi estancia en la ciudad no esperaba encontrarme con la gran sorpresa de que el mismísimo Sheppard Fairey. El artista callejero que terminó por convertirse en toda una celebridad el año pasado por haber hecho la ilustración de Obama y que dio la vuelta al mundo por la leyenda escrita que rezaba Hope. Conocí a Sheppard, o mejor dicho su trabajo como artista del stencil y de los stickers por la imagen de Andre el Gigante y una leyenda que hacía confundir con algún tipo de culto por decir: Obey (Obedece). Así pues, la Plaza San Marco nos recibiría con uno de los trabajos del artista expuestos mientras que el mismo se encontraba trabajando en la creación de diferentes trabajos para posteriormente venderlos y así recaudar fondos para restaurar un palacio de la ciudad. Si al menos sus obras fueran asequibles.

Anyway, seguimos recorriendo Venecia, la eterna Venecia, aunque se siga hundiendo, aunque tenga sus aguas verdes, y que en ocasiones apesta. Porque a fin de cuentas siempre tendrán lo fantástico, el arte, lo viejo y la vanguardia al mismo tiempo. Por lo menos ellos no tienen las fábricas que contaminan, los autos, y los políticos en campaña.







Terminamos la tarde satisfechos de estar ahí, de que a pesar de haber caminado todo el día no se arrepiente uno para nada de esas caminatas, y una vez más preguntándonos: ¿Por qué todo lo bueno en la vida pasa tan rápido? Por lo pronto aquí les comparto unas cuantas imágenes de lo que mis ojos presenciaron ese día.










